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El diseñador de interiores

| 01 de agosto de 2016

Hoy, para cambiar un poco el tercio de las series de las últimas entradas os voy a hablar de mi profesión: el diseñador de interiores. Cuando generalmente alguien piensa en un diseñador de interiores nunca repara en qué hace más allá de la decoración, de hecho, muchas personas al decir que soy diseñadora de interiores se extraña y me ofrece ir a su casa para aconsejarle sobre cómo conjuntar la colcha de la cama con las cortinas. No es que eso no esté bien, es que sobre gustos no hay nada escrito y mi profesión va mucho más allá de ello.

Un diseñador de interiores no solo se dedica a cambiar los muebles de una casa particular y a pintar las paredes, sino que redistribuye toda la casa si es necesario para que las personas que habitan en ella vivan mejor, los acabados importan, pero la forma y el cómo también. Y el fondo de la cuestión no es este, sino que hay también más cosas que podemos hacer, como escenografías, negocios, arquitectura efímera e incluso la intervención con un equipo multidisciplinar para realizar una verdadera vivienda en movimiento o el interior de un transporte o jardinería. Intervenimos donde las personas utilizan un espacio y además necesitan estar a gusto en él.

Esta profesión, además, necesita que los profesionales que la ejercen estén colegiados, la legislación nos obliga a hacerlo. En el Real Decreto 902/1997 de 1 de abril se especifica que todos los profesionales que ejerzan esta profesión deben de estar colegiados.

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Estar colegiado supone muchas ventajas para el profesional y para el cliente ya que se asegura de que la persona a la que está contratando para realizar una reforma o el acondicionamiento de un local realmente está preparada para ello, que se mantiene activa e informada sobre las últimas novedades y es participativa dentro del gremio. Pero… ¿alguien ha oído hablar de los Colegios de Diseñadores de Interiores? Por desgracia al no ser una profesión muy extendida y mucho menos valorada no en todas las comunidades se goza de la existencia de un Colegio (a veces ni siquiera de una asociación), obligando a muchos diseñadores a colegiarse en otras Comunidades Autónomas.

El desconocimiento en muchos casos de este factor hace que la profesionalidad de los trabajos realizados disminuya (de hecho en muchos casos resulta estar fuera del alcance de las barreras de la ley), por lo que es labor de todos los diseñadores de interiores y compañeros de gremio (arquitectos, aparejadores y obreros) el reconocimiento de esta profesión, que tiene tanto mérito como cualquier otra, que está regulada y que además beneficia en muchos casos a todas aquellas personas que cuentan con un interiorista para la realización de sus labores.

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Una respuesta a “El diseñador de interiores”

  1. Guillermo dice:

    Tanto los diseñadores de interiores como los archiveros somos profesionales con muy poca visibilidad social.

    A vosotros os confunden con decoradores y a nosotros con bibliotecarios, documentalistas, administrativos… Sin embargo, la gente está encantada cuando trabaja con un diseñador de interiores o un archivero competente. Nuestro trabajo habla por nosotros y romper la invisibilidad social empieza por desempeñarlo con seriedad y tratando siempre de que aporte valor a los demás.

    Asociarse también es muy importante, como bien dices. Los archiveros lo tenemos un pelín más complicado, ya que ni siquiera podemos colegiarnos, pero siempre hay alternativas.

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