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Blog | Diseño

El valor de una idea

Ana Amelia Patiño Esteo | 29 de agosto de 2016

Ya va acabando el verano, y con él comienza la vuelta a la rutina de la mayoría de las personas que han estado de vacaciones. Por ello conviene recordar que con “la vuelta al cole” todo se pone en marcha y el estrés está de nuevo a flor de piel. Esta es la razón de esta entrada, ya que debido a este o a otros factores pueden menospreciar el valor de una idea, ya que no solo es la idea lo interesante sino cómo se plasma.

De forma natural y cotidiana los diseñadores solemos estar expuestos a una cantidad enorme de información que crear. Necesitamos sacar de donde sea ideas para abordar todos los proyectos, sin bajar la calidad. Este proceso es complicado, y lleva años (y situaciones extremas) de entrenamiento (de hecho, todos comenzamos despertándonos en mitad de la noche con una idea y nos levantamos a desarrollarla, o estamos con los amigos de madrugada y nos volvemos a casa antes de que se nos olvide). Con el tiempo nos controlamos y sabemos hacer cómo aflorar la calidad del diseño en el momento necesario, o cómo anotarlo para desarrollarlo más adelante. El problema es cuando después de todo eso vas a presentarle varias ideas al cliente y te responde con cara de pocos amigos, que ninguno le convence, que hagas más porque no te cuesta porque son cuatro líneas, solo porque ha tenido un mal día o simplemente no sabe apreciar tu trabajo.

Es por esto que pese a tener que agachar la cabeza e intentar explicarle detalladamente cada propuesta siga obcecado en continuar sin ver las propuestas, tirándolas y sin saber que una de ellas puede servir de base para desarrollar la solución idónea.

No siempre es así, todo hay que decirlo, pero volviendo al principio sí es común quedarse sin ideas. Por eso mismo recurrimos a algunas técnicas como el brainstorming o lluvia de ideas o la consulta de fuentes externas de diseños de otras personas (como Pinterest). Porque una cabeza vacía recurre a la originalidad primaria y probablemente ya existente.

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Un proyecto tiene varias fases, y la de captación y primera plasmación de la idea es la primera. Las siguientes son bastante más sencillas a nivel conceptual, pero bastante más complejas a nivel téncnico, dependiendo de lo que se vaya a desarrollar. Pero principalmente suele incluir bocetos de programas informáticos y dependiendo del tipo de proyecto y de su complejidad una muestra o la visualización del resultado final antes de llevarlo acabo.

Por lo tanto, pese a que apenas se ve la superficie del trabajo de un diseñador, es importante mirar a nuestro alrededor y recordar que desde la silla en la que estás sentado hasta el avión que cruza el cielo ha sido imaginado, plasmado, desarrollado y construido por alguien, que una o varias personas han invertido su tiempo por tu comodidad, porque aunque sea su trabajo, conlleva sacrificios y pocas apreciaciones por todo el mundo. Todos tenemos ideas, pero no todos las desarrollamos.

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