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Blog | Diseño

Un proyecto

Ana Amelia Patiño Esteo | 05 de septiembre de 2016

En la anterior entrada estuvimos tratando el valor de las ideas de lo difícil que a veces resulta encontrar las adecuadas. Hoy hablaremos sobre cómo se lleva a cabo el resto del proyecto y dependiendo de qué tipo de proyecto estemos tratando lo abordaremos de una manera u otra, aunque hay rasgos que son comunes a todos.

Como estuvimos comentando, el primer paso es tomar contacto con el cliente, estudiar su caso, ver qué necesidades tiene, qué es lo que quiere, cuánto puede invertir en esa mejora o servicio y cuál es más o menos el resultado que quiere. Después de haber analizado todo esto, nos topamos frente a una nube de información un poco difusa que tenemos que ordenar y traducir para poder hacer una búsqueda más o menos acertada y realizar algunas propuestas.

Cuando tenemos algunas propuestas (normalmente se pacta con el cliente, cuántas se presentarán, ya que más incluye más dinero y al final más presupuesto) y las presentamos, las discutimos, las modificamos hasta tener lo que realmente se necesita. Entonces llega el verdadero momento de darle forma a la idea, de plasmarla correctamente en el papel para que sea reproducible, realizable y modificable.

Dependiendo de qué es lo que se va a realizar se comienza de una forma u otra el proyecto, pero en casi todos los casos hacemos una pequeña memoria (aunque simplemente sea visual y sin documentación escrita) de cuáles son los referentes directos de la idea, para poderlos tener en mente y no desviarnos. Aquí también tenemos en cuenta desde la búsqueda de materiales (en caso de que sea un proyecto de algo en lo que se vaya a construir -de interiores o industrial) hasta los últimos acabados (la gama Pantone, por ejemplo, en el caso de un diseño gráfico).

Proyectuando

Seguidamente proseguimos a la parte más técnica de la elaboración del proyecto, en la que nos encontramos con la necesidad de tener unas habilidades que nos permitan desarrollar nuestro trabajo con la mayor eficiencia posible. Evidentemente el perfecto manejo de los programas.

Es curioso, porque hace poco me topé con una noticia en la que se decía que las escuelas de arquitectura se publicitan con herramientas que se dejaron de utilizar hace más de 30 años, y es que, curiosamente, sí, es así y no lo es a la misma vez. ¿Por qué? Básicamente porque aunque esas herramientas ya no sean el pan de cada día como tal, sí lo es su concepto y si una persona, utilizando esas herramientas es más eficiente que con aparatos informáticos, debería utilizarlas.

Evidentemente hoy en día la mayoría de los profesionales ya utilizan programas informáticos, porque además de ser más rápidos en situaciones más complejas aseguran una conservación, reproducción y posibilidad de modificación de los documentos muchísimo más amplia que si solo se tratara el trabajo con métodos analógicos.

Volviendo a lo que nos interesa, se realiza la parte técnica de la mejor manera posible (esto implica eficiencia, conservación, reproducción y modificación de la documentación generada) y se pasa a la parte de prototipado. Siempre o casi siempre se realiza un prototipo o una pequeña vista (de la manera que sea) de cómo va a ser el resultado final. Esto quiere decir que en diseño de interiores se puede realizar un boceto elaborado o una infografía arquitectónica, en gráfico una prueba de impresión, etc.

Aquí se vuelven a realizar todas las modificaciones necesarias antes de llevar a cabo el proyecto. Una vez llegado a un acuerdo en todos los aspectos con el cliente se procede a la realización del producto o servicio que se ha estado planificando durante todas las etapas explicadas a grosso modo.

Porque si todo se fuera haciendo sobre la marcha, no tendría ningún sentido la planificación de la realización de algo. Sería completamente innecesario. Eso sí conllevaría (y de hecho, cuando no existe el proyecto, o se ha realizado a medias) errores que serían difícilmente subsanables o que precisarían una inversión económica importante.

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