Blog |

Vivienda social – Promotores

Ana Amelia Patiño Esteo | 03 de octubre de 2016

Como antecedente a la vivienda social actual, vamos a tomar como referente la vivienda social y obrera desde mediados del siglo XIX hasta aproximadamente los años 70 en España.

De esta forma podemos darnos cuenta de que hay diferentes tipos de promotores que se pueden clasificar según su razón de ser y que por su parte nos harán saber cuál será su prioridad: promotores de acción pública, cooperativas, empresas, la Iglesia, los promotores privados, las entidades de crédito y por último la autoconstrucción y el barranquismo.

Por parte de la acción pública se creó debate alrededor de 1854 sobre la idoneidad de la vivienda unifamiliar o colectiva de parte del Ateneo Catalán de la Clase Obrera y la Sociedad Económica de Amigos del País. En respuesta a esta, en 1856 se creó una alternativa a la vivienda unifamiliar que hasta entonces era lo que se había tratado como vivienda social, denominada Villa de Isabel II en Madrid por parte de Daguillon, aunque se quedó en un mero proyecto. Más adelante, con Primo de Rivera, se construyeron viviendas destinadas a los funcionarios empleados. Finalmente, durante la dictadura franquista y bajo la Delegación Nacional de Sindicatos, se fundó la Obra Sindical del Hogar en 1942 (hasta que en 1957 pasó a depender del Ministerio de Vivienda) y realizó más de 200 000 viviendas, aunque, como veremos más adelante, a causa de la poca inversión realizada en los materiales desarrollaron numerosas patologías con altos costes de rehabilitación.

Las cooperativas también fueron un punto a tener en mira al analizar la promoción de la vivienda social, porque aunque no hubo una visibilidad de forma conjunta nacional, sí que tuvieron importancia en carácter de comunidades. Entre ellas la que más importancia tuvo fue la Cooperativa Pablo Iglesias que realizó 244 viviendas en los 11 años siguientes a su fundación.

Las empresas también fueron unos promotores destacados, puesto que en la minería, siderurgia, textiles e infraestructura las viviendas construidas para los trabajadores realizaron una situación que estaba a caballo entre el paternalismo patronal y una situación inmobiliaria desequilibrada, dado que muchas de estas viviendas construidas por empresas eran arrendadas a los trabajadores. Esto comenzó a realizarse antes de la guerra civil, pero se consolidó más tarde, ya que se construyeron colonias y verdaderos polígonos residenciales para los trabajadores durante la dictadura.

workers-659885_1920

Otro grupo que tuvo bastante influencia a nivel de promotor fueron las entidades de crédito que realizaron labores de promoción de viviendas sociales antes, durante y tras la guerra civil. No obstante esta actuación fue sobre todo localmente. Algunos ejemplos destacados son la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Barcelona, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León, la Caja de Pensiones para la Vejez en Barcelona o la Caja de pensiones en Valencia, así como el Banco de Ahorros y Construcción Madrileño. Actualmente este tipo de entidades siguen actuando como promotores, pero su papel ha cambiado significativamente, ya que con la burbuja inmobiliaria, la llegada de la crisis y su paso por ella han cambiado la economía familiar y general.

Por su parte, la Iglesia católica también tomó parte como promotor, pero de forma indirecta a través de asociaciones que regía. Un ejemplo es la Constructora Benéfica de Madrid (en dicha ciudad, como el barrio de Tetuán) y diversos Círculos Católicos Obreros a lo largo de todo el Estado.

Por otro lado encontramos los promotores en el sector privado. Hacia la segunda mitad del siglo XVIII hubo tendencia por parte de la burguesía (incluso de la pequeña burguesía) a adquirir viviendas para arrendarlas, lo que consiguió un panorama inmobiliario oligopolista. Más tarde, a finales del siglo XIX, debido a la Ley del Inquilinato (que tuvo vigencia desde 1842 hasta 1920), que provocaba unas situaciones en los precios de los inmuebles arrendados bastante injustas, se daba el caso de varias familias o una misma familia en varias generaciones conviviendo en el mismo hogar. A su vez toda la industria fue trasladada a cinturones suburbanos creados sin plan urbano ni apenas planificación higiénica. Esta falta de higiene fue subsanándose a partir de 1960 con la entrada de la Ley de Propiedad Horizontal en la que se especificaban la necesidad de un patio interior común y los derechos que se tenían sobre este (como la prohibición de su cerramiento).

Entre los años 60 y 70 se tendió a la venta de los inmuebles a los inquilinos, debido en gran parte a la liberación de la renta y al desgaste de vivienda, ya que esta ya estaba amortizada y comenzaba a demandar sumas de dinero importantes para su mantenimiento.

Mientras tanto, los grupos más desfavorecidos y de rentas más bajas siguieron una tendencia que comenzó a finales del siglo XIX. Y es que las familias a las que no amparaba la ley de casas baratas ni más adelante las políticas de vivienda del franquismo desarrollaron de forma más consolidada entre 1920 y 1970 viviendas autoconstruidas sin licencia ni, muchas veces, si quiera cimentación, sino con la familia y con métodos rurales. Esto sucedió sobre todo en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao y Zaragoza.

Uno de los principales fuertes a destacar en estas viviendas son los materiales, que hacían que su coste se abaratara de forma definitiva, así como su tamaño, cuyos mínimos y máximos quedaban registrados en la legislación, como veremos en las próximas entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *